viernes, 17 de septiembre de 2010

Sky Dance

-¿Fumas?, me dijo con voz quebradiza, jamás habría imaginado que le pasaría algo así algún día, tan solo eran las 6 de la mañana y se veía un ‘colorido’ espectáculo matinal de grises en el cielo. Que droga dura es la soledad que no te deja sostener, los ojos fijos en aquella banca de parque y el mundo bajo tus pies, tiempo rojiso el de la felicidad; cuando el pecho te aprieta a más no poder canta, cantar hace bien. Cuando la impotencia no te deja respirar o cuando el río se seca, cuando entierras a alguien que sabes que siempre amaste, cuando al fin la casa se hace vieja, tu ilusión es todo lo que tienes, amor, tu ilusión no son solo siete palabras.
Y asi seguimos nuestro rumbo, en busca de un café. Fumando cigarros de vainilla se piensa mejor ¿o no? Tal vez un moca o un capuchino; no, prefiero un vainilla late que convine. Que bello abril, nos pasan tantas cosas en la vida que cuando sale el sol hay que solo dejarlo pasar, abril otra vez para que no tengamos soledad. Salieron del café en puntas de pie y ella lo llevo a caminar entre calles, vaya calles, casas bonitas con un aire alemán, vio la hora en su reloj de muñeca, eran las 11. Habían pasado tan solo 5 horas juntos y ella lo era todo para el, ayudarlo en ese momento fue lo mejor que le haya pasado a ella. Cruzando el parque Madrid escucharon el sonar de un piano hermoso en la pequeña rotonda central, -¡Yo se tocar piano!, exclamó ella, -Ven, te quiero dedicar algo,  dijo. Ya en la rotonda vieron a un pequeño ser sentado en el banco del piano, tenía la estatura de un niño pero en su cara se marcaba su avanzada edad, el le cedió pase a Alessandra para que toque una hermosa pieza, llamada ‘Sky dance’, el tiempo se detuvo, las hermosas notas cambiaron el contexto, ya no era gris ni sepia, era muy calido, muy acogedor, casi inquietante.
-¡GOOD MORNING!; era su despertador, eran las 5:30 a.m., -¡Alessandra!, gritó, sin tener mayor respuesta. Era muy temprano todavía, se levanto de la tibia banca y cruzo el ‘Tranka’, la resaca se dio a conocer en su mayor esplendor. A los lados unas cuantas botellas de licor, muchas colillas de cigarro, y a su lado una nota que decía: ‘A las 6 en el pasaje de mi casa, quiero presentarte a alguien’.

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